"LOS DESAFÍOS AL CRECIMIENTO Y A LA PROSPERIDAD"
"La Comunidad de La Playa"
Miré el reloj y eran las 8:00 a.m., día en el que nadie se atrevió a presagiar que pasaría toda una mañana en espera de algo. Ese día sentí que me arrebataban media vida, sólo la brisa fría podía anunciarme lo que estaba por experimentar con duro pesar. Es 23 de junio del 2001 y para la hora del almuerzo, estaré a punto de enfrentarme a la furiosa fuerza de la naturaleza que abusa de mi localidad con un terremoto; en el transcurso, la gente corre despavorida al no comprender lo acontecido.
Tenía que haber la manera que algún día pudiese vivir un terremoto y ese, es el Primero de mi vida. Doy gracias a Dios de que no tuvimos daños personales que lamentar, tampoco tuvimos mejor expresión de cariño que la de abrazarnos luego de lo sucedido al ver toda mi familia unida, sonreír con lágrimas en nuestras mejillas, escuchando el sonido del desconcierto por el siniestro y las imágenes que presenciábamos se tornaban en sollozante desesperación.
Siempre he creído que el dinero se hace y nuestro esfuerzo podría sanar las heridas descubiertas en nuestras paredes. ¡Sí que fue una desgracia!. Muchos perdimos más de lo incomprensible, más luego, me enteraría que nuevamente había perdido no muy lejos de allí, 23 años de los más lindos recuerdos que tengo en mi vida, la misma naturaleza no nos dio licencia para recuperarnos del golpe, como lo es un terremoto, para luego bañarnos con un maremoto en tan sólo una hora después. Las circunstancias tenían sabor a tiempo. En cuestión de instantes, los acontecimientos fueron bruscos, no podíamos darnos cuenta y absorber las experiencias, fueron muchas las que estábamos viviendo.
23 años de temporadas es lo que podría decirse la mitad de una vida. Fueron recuerdos que viví gracias al esfuerzo de mis padres, recuerdos que ahora vuelvo a revivir cuando sueño y cierro mis ojos; ahora comprendo cómo fueron construidos, con arduo trabajo y a veces ausentándose del seno familiar para mantener los momentos de verano.
Había perdido mi casa de playa y para mí, era el sinónimo de que me transportaba al recuerdo de haber vivido a la orilla de mar, explotando los productos que "la playa" nos regalaba en cantidades abundantes. Nos sustentábamos el alimento con nuestras propias manos. En la ciudad del pueblo existía un mercado abastecido pero preferíamos eso. En "la playa" no había mejor actividad que podía reunir al niño con el anciano como es la pesca, donde uno puede percibir cómo se inicia el legado de la enseñanza de padre a hijo, esa congregación de innumerables individuos; todos conocidos entre sí formaban más que grupos de amigos. Uno percibía la sensación que los preceptos que se impartían en el lugar, lograba de alguna manera vivir más saludablemente, disfrutar de la pureza, compartir con una mejor calidad de gente con quien se veraneaba.
Yo pertenecía a un grupo de vecinos amigos de mi papá. Con ellos fuimos fundadores pioneros de "la playa". Era una comunidad de verano. "La playa" influenciaba a toda familia que formaba parte del grupo o cualquier nuevo integrante que ingresaba. Podíamos disfrutar de la confianza y de la tranquilidad, el robo no existía en nuestros quehaceres, prevalecía una visión de progreso, nuestros padres impartían una mística, que reflejaba la unión en la comunidad de vecinos, éramos varios grupos de familias unidas.
El claro ejemplo de honestidad era, cuando un pescador paseaba por la orilla de "la playa" cargando en sus brazos la jornada del día, esto supone el ofrecimiento al esfuerzo de su pesca. Esta era de manera informal, estos hombres, por lo general son muy pobres, pero de igual manera nosotros, la comunidad, podía dar fe de la influencia que ejercíamos al visitante de "la playa". El pescador entendía muy bien que cuando vende su pesca, ofrece también un valor agregado de buen servicio. La comunidad brindaba confianza, prueba de ello era no tener las puertas de nuestras casas con cerraduras, el servicio que el pescador entregaba, era que podía entrar libremente a nuestras cocinas, dejarnos una o varias piezas de pescado, cortada, limpia y preparada, la confianza iba más allá de lo entendible, tanto el pescador como la comunidad acordaban transar al crédito, terminado el día.
Por cierto, la comunidad era muy pequeña, no reuníamos a más de 20 familias en grupo de cinco individuos por familia, muy reducido para lo que en un principio, mi padre con su grupo de amigos, querían emprender, pero en poco tiempo podría constatar que "nuestra" playa tendría un futuro prometedor.
Desgraciadamente, no hubo control demográfico dirigido por la autoridad de la localidad aledaña a "la playa", con el transcurso de los años nos vimos rodeados por otra clase de personas, diferente a la nuestra, sin esa mística, con otra clase de valores y costumbres; desmerecía el anhelo que alguna vez acarició "la playa"; la misma, no se llamaría comunidad si es que no evolucionábamos y tratábamos de convivir con ellos, extendimos esa influencia que teníamos y convenciendo nuestra aceptación.
La naturaleza, como empecé este relato, no nos dio licencia para más, la naturaleza como bien te regala, te arrebata.
Si no fuera porque aún sigo soñando con los recuerdos que he vivido, en el transcurso de esos 23 años, no hubiéramos emprendido un proyecto que me une a una nueva generación, ahora nosotros, los hijos de los padres, coincidimos y nos debemos al mismo sueño, algunos asimilábamos lo acontecido, una empresa se iba gestando y esta se inició después de año y medio de la desgracia; a principios del año 2003, nuevamente estábamos en el verano y tomamos la determinación de que la nueva generación haría el proyecto: __ Reconstruyamos y recuperemos lo que sin derecho la naturaleza nos arrebató __.
Este año, cumplimos 12 meses que el proyecto, ha requerido de ratos libres en el trabajo, en la universidad y haciendo los fines de semana, escapadas con la comunidad recuperaremos otra vez "la playa", teniendo como consigna que será este, el último verano que no tengamos recuerdos por tener. Nosotros ahora sentimos que estamos haciendo más que levantarnos de la caiga, también manifestamos la gratitud que nuestros padres se merecen, recuperando es recordarlos al 100 por ciento.
Como si fuese un llamado de amigo a otro amigo en caso de ayuda, los hijos de las 20 familias, dijeron presente, no faltó uno a la convocatoria. ¡Era increíble!. En muy poco tiempo construíamos no sólo nuestras vidas sino que en el proceso, también los recuerdos del mismo. Al iniciar este proyecto de recuperación, me he visto rodeado entre albañiles, carpinteros, electricistas, gasfiteros; hemos crecido trabajando a 100 por hora, una sincronizada máquina humana, con una eficiencia muy cerca de lo ideal, el abastecimiento y el control de los materiales ha sido oportuno. Esta misma gente, estos trabajadores que ahora están acompañándonos codo a codo, son las mismas que vivían con nosotros, aledañas a "la playa", contagiados por un mismo sueño de algunos, muchos fueron los convocados.
Con vigor conseguimos el bien común, se concretaba así, desde el proceso de recuperación y de reconstrucción, el renacimiento de una nueva "playa", ahora nuestra comunidad esta integrada por 80 familias muy unidas, contagiadas por la misma visión y mística que ese lugar podría brindar.
Al unísono, dirigidos como una gran familia, nunca demostramos la falta de coordinación entre la ejecución y el diseño; haría que, material, mano de obra y tiempo se invirtiera retribuyéndonos un máximo de ganancia; pronto será posible dibujar una sonrisa en nuestros seguidores, buscar esa tranquilidad de prosperidad.
Parece que hasta las plantas colaboran con la rapidez al embellecimiento de esta obra, las palmeras si se toman su tiempo, las enredaderas en una eterna y vanidosa competencia por demostrar sus atributos, el verde pasto quejándose, pero diciendo presente también, aún las piedras con la arena, cambian sus formas para unirse en una armoniosa senda en busca de ser eternas, cómo no sentir comodidad ante tal ofrecimiento, los colores dan una sinfonía de tonos que sólo las plantas le hacen coro e interpretan juntas el verso arquitectónico más hermoso que poeta alguno le dedicara a su noble tierra; cambiando un panorama de destrucción y desolación. En un lugar habilitándose con hermosas casitas blancas y techos de bambú, existe una perfecta coordinación de contrastes de paraíso y perfección arquitectónica.
En el centro se eleva una pirámide orgullosa de su tamaño, con la soberbia de los que saben de la energía psicotrónica que nosotros anhelamos saber, nos dan la bienvenida cálida y misteriosa, vestida esta colosal obra con la belleza de lo imprescindible, dando su misteriosa energía, acaricia al presente y la expresión, es nuestra más grande obra en tamaño, es nuestra iglesia.
¡Qué bien me siento aquí!. Es una prueba de reconocimiento y gratitud a la energía psicotrónica piramidal, los siglos del silencio y de misterios dialogan con nosotros. Hemos logrado que nuestras propiedades se vean revalorizadas, la economía del lugar se vea tentada con nuevos inmigrantes deseosos de percibir nuestra mística de enseñanza. Los invitamos a invertir; estamos logrando ser un foco turístico de descanso en el verano.
No ha sido fácil, hemos tenido desbalances económicos y quisimos hacernos de préstamos, pero el dinero, se diluye en políticas burocráticas y no llegan a los que realmente hemos perdido algo, las ONG que realmente administran capital privado, también son influencia por el alto costo de mano de obra de los que la dirigen; el proyecto era enorme por naturaleza y felizmente todos no tuvimos necesidad de tan solo ayudarnos nuevamente.
Lo que hicimos, tendrá matices diversos según el color del cristal con que se mire; en el proyecto, no nos dimos cuenta, ¿cuándo fue que reactivamos la economía de una zona?, se crearon pequeñas y micro empresas de reconstrucción, estas, ahora se alzan de manera, como una alternativa real, posible, más allá del Estado benefactor. Están llamadas a desempeñar un papel importante como proveedoras, como fuentes primarias de especialización, como generadoras de empleo para aquellos sectores de la población con menos ingresos económicos y en las que las actitudes de emprendimiento pueden concretarse con mayor rapidez.
Es el gran desafío de nuestros tiempos, el conciliar las ventajas de la globalización con los objetos públicos concentrados en el mantenimiento de elevados estándares laborales y en la justa distribución de ingresos. En esa orientación, las pequeño y micro empresas, cuyo desarrollo y crecimiento dependen en mucho de las políticas de Estado en cuanto a promoción y financiamiento; en el Perú falta mucho por hacer; jugarán así en el contexto económico mundial de las próximas décadas, un partido decisivo para que los monopolios, duopolios y los elementos perturbadores del gran capitalismo no socaven los soportes sociales de las próximas generaciones.
La ética, es la solución de mi país, pero no la aprendida en leyes sino la heredada de nuestros ancestros y que ahora escasamente recordamos; no importa que la memoria sea débil, con tal que el juicio no falte cuando la ocasión lo presente (Rimbaud).
Escuché decir que: "el tren pasa a las 8 y no a las 8:30"; las oportunidades en la vida son escasas y cuando se presentan hay que saberlas aprovechar. Es una gran oportunidad para diferenciar la decisión a la determinación por hacer las cosas, es por ello que tenemos el privilegio de heredar "la playa" donde depositaremos nuestra tranquilidad del arduo trabajo, tratando de superar nuestras propias expectativas y las de los demás. Con el proyecto, ahora no tenemos más que esperar las consecuencias de la reactivación económica que es consecuencia de la reunión que esa mística empezó a convocar, creando así un foco inversor en nuestra zona, creando también un paradisíaco lugar de verano, yo creo que eso sí, es un desafío al crecimiento y a la prosperidad.
Año 2003.